viernes, 8 de septiembre de 2017

Destrucción de la inocencia en el día de la Virgen

En la vieja hacienda de la marquesa al final del barranco de la Virgen en Valsendero los falangistas llevaban a las hijas y esposas más bellas de los detenidos, hombres que en unos días serían desaparecidos en los pozos, simas y fosas, asesinados tras brutales torturas en los centros de detención de Arenales y Alcaravaneras.

Las mujeres con las manos atadas a la nuca llegaban en los coches negros cedidos por los terratenientes agrícolas canarios e ingleses, las metían en las dependencias donde había cadenas para retenerlas, las alimentaban con pan y agua, les ponían vestidos cedidos por las damas de la nobleza o simplemente ropa interior de tallas pequeñas.

Por allí desfilaban todos los asesinos fascistas, los que dirigían el genocidio desde la madrugada del sábado 18 de julio de 1936, llegaban de juerga, con botellas de ron del charco, y ya les tenían preparado el cóctel con champán francés, vino español, chorizo de Teror untado en los panes de leña.

Aquel día Eufemiano Fuentes, Manuel López Santana mayordomo del Conde, Francisco R. Guerra y Marcelo Ascanio de Lugo celebraban el día del Pino, era 8 de septiembre y la borrachera venía desde la noche anterior en Teror, fueron a las casas de putas del barrio de Arenales, por la mañana y sin dormir después de la solemne misa de siete en la catedral junto a la Plaza de Santa Ana tocaba “fiesta” con las mujeres detenidas.

Llegaron los cuatro en el coche de Bonny el británico, los sillones de atrás estaban llenos de sangre de los republicanos que desaparecían cada madrugada después de torturarlos, el mayordomo los limpió bien con un trapo del motor, hasta les puso un poco de grasa de cerdo para que brillaran.

En la verja de entrada los dos falangistas armados se pusieron firmes cuando vieron llegar a los criminales, los cuatro borrachos solo levantaron el brazo tambaleándose con un escueto “¡Arriba España!”.

En la entrada los esperaba una especie de palanganero o chulo de prostíbulo apellidado Rosales, que se encargaba de la gestión de aquel espacio para la violación y la tortura de mujeres honradas.

Entraron al salón de la pequeña mansión y les trajeron a siete mujeres, desnutridas, desnudas, ensangrentadas, entre ellas varias niñas de no más de diez años, los borrachos se sentaron en unos sofás enormes para elegir “el material” como decía siempre el millonario tabaquero.

Las muchachas y las niñas lloraban, tenían mucha sed, solo pudieron beber levemente cuando minutos antes la habían bañado con una manguera de agua a presión, para que no le olieran mal a los señores que venían a disfrutar de los placeres sexuales.

Guerra el del minúsculo bigote, jefecillo de Acción Social de Falange, experto en robo y venta de niños, comenzó a vomitar en medio de una tos provocada por el chorizo de Teror bendecido por el párroco de la Villa Mariana.

Eligieron a las más jóvenes, a las dos niñas hijas de Juan Montelongo el carpintero de la CNT, asesinado en la Sima de Jinámar y a otras dos hermanas de menos de veinte años, nietas del profesor de matemáticas Santiago Guadalupe desaparecido en la Marfea.

-Las vamos a reventar con unos buenos pollazos- dijo López Santana que eufórico se bebía la cuarta botella de champán.

Luego solo se escucharon gritos, alaridos de horror, golpes, insultos, botellas rotas, en aquel paraje perdido del norte de Gran Canaria, donde hasta los pájaros dejaron de cantar durante varios días.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Pintura Oswaldo Guayasamín 

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