lunes, 13 de febrero de 2017

El fabricante de lápices

En Concord, Massachusetts, llegó al mundo el 12 de julio de 1817 el fabricante de lápices, forjando una vida contracorriente de las falsedades humanas, la hipocresía y la construcción de una sociedad que siempre ha dado la espalda a la naturaleza y a todos los seres que la habitan.

Henry David Thoreau se fue pronto, ni siquiera pasó de los 45 años, pero dejó una estela de dignidad que pocos seres humanos han sido capaces de sembrar para el futuro, el sueño, el anhelo de construir un mundo mejor, donde cada especie tenga derecho a la felicidad, a navegar en este escaso viaje por la vida con la plenitud necesaria para saborear el aroma de la libertad.


Desobedecer fue su lema, confrontar pacíficamente los injustos postulados de un sistema que ya en ese siglo se imponía desde el desamor, los abusos de poder, las guerras, la corrupción política, la destrucción de la Madre Tierra, fue a la cárcel por negarse a pagar los dos escasos dolares de impuestos en señal de protesta por la guerra de los Estados Unidos con México. 

Yo trato de imitarlo desde que era niño, por eso me pierdo solo por montañas y bosques inescrutables, me entretengo mirando el vuelo de un pájaro, el sosiego y el canto en cualquier ramita de un árbol frondoso, la construcción laboriosa de sus nidos, la educación instintiva de sus crías, la fragancia de una flor, sus caprichosas formas, su deriva al viento del alba como si quisiera mostrarnos que solo con plantarse y no escapar ya se está construyendo un mundo nuevo.



El fabricante de lápices defendió a los indios, a los esclavos, a los desahuciados, a los emigrantes, a los más débiles, a los explotados, a todos aquellos que son capaces de alzarse contra el criminal neoliberalismo.

Que la existencia no sea una suma de horas de trabajo y tristezas que solo sirven para acumular temporales bienes materiales.

El caminante misterioso con su traje de pana sigue presente en el aire fresco, a veces lo veo, lo intuyo, en la magia de la niebla inundando las copas de las secuoyas, en cada mano que se convierte en puño para defender el legado de los ancestros, la herencia de las generaciones futuras, que sin saberlo ansían encontrar cuando nazcan un mundo donde todavía las abejas polinicen la esperanza.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

2 comentarios:

  1. –¡¿Henry David…?! Pero… ¿qué hace usted aquí? –preguntó el comisario.
    –La cosa es muy sencilla. Hace seis años que no pago impuestos al gobierno.
    –¿Por qué?
    –Esos impuestos financian la esclavitud y la guerra contra México. Y esto es lo que yo sostengo: cuando un gobierno es injusto, el lugar de todo hombre justo está en la cárcel.
    –Escuche, Henry David, basta con que yo pague su fianza para que usted salga.
    –No, no, por favor. Agradezco el gesto pero es que quiero ir a la cárcel.

    (La vida sublime. Maximilien Le Roy, 2013)

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  2. As a naturalist, Thoreau understood that the path to a greater understanding of our life on earth is through an understanding of the natural world around us and of which we are part: “We can never have enough of nature. We must be refreshed by the sight of inexhaustible vigor, vast and Titanic features, the sea-coast with its wrecks, the wilderness with its living and its decaying trees, the thunder cloud, and the rain which lasts three weeks and produces freshets. We need to witness our own limits transgressed, and some life pasturing freely where we never wander.” — “I suppose that what in other men is religion is in me love of nature.”

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