martes, 21 de marzo de 2017

Un festival de cine para el maltrato de los grandes simios

Solo a un ayuntamiento gobernado por pantuflos insensibles se le puede ocurrir sacar un cartel anunciador del Festival Internacional del Cine de Las Palmas con imágenes de grandes simios. Una institución que acaba de aprobar una normativa que prohíbe los espectáculos con animales, pero que permite y potencia un acuario en suelo público a coste cero, la nueva cárcel de animales marinos del feriante propietario del desprestigiado y denunciado internacionalmente zoológico Loro Parque.

Este grupo de gobierno que se autodenomina “del cambio”, integrado por PSOE-Podemos-Nueva Canarias, se saca de la manga una publicidad vergonzosa, que contribuye y colabora con el tráfico y la extinción de nuestros hermanos genéticos, con su ridiculización, tergiversación ante la sociedad de sus comportamientos naturales, sobre todo ante las niñas y niños, que pueden pensar que estos seres inteligentes pueden ir vestidos, usar una cámara de fotos, ponerse ante un micrófono, aparecer con unos auriculares, realizar absurdos gestos y piruetas desnaturalizadas o directamente comportarse como los seres humanos.

Los chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas merecen ser respetados, jamás utilizados en ridículas campañas publicitarias para anunciar cualquier evento, están sufriendo la extinción sistemática, la deforestación de sus selvas, la caza incontrolada, la tortura en laboratorios de experimentación y circos, la cautividad en zoológicos y colecciones privadas de todo tipo de mafiosos.

Cada uno de estos simios que utiliza el ayuntamiento de Las Palmas para su cartel del festival de cine tiene detrás una historia dramática, en muchos casos para capturarlos los traficantes asesinan a toda su familia ya que al ser seres comunitarios defienden hasta la muerte a sus pequeños.

Otros han nacido ya entre las rejas de las jaulas de los criminales mercaderes, son sometidos a todo tipo de malos tratos, adiestramiento a base de golpes para que se comporten como humanos, para que hagan sus mismas estupideces, como en este caso colocar sus ojos ante el objetivo de una cámara.

No entiendo como ninguna organización ecologista de Canarias, ni siquiera el círculo animalista de Podemos, si es que sigue existiendo, se haya manifestado en contra de esta nueva aberración contra los derechos de nuestros compañeros de planeta. Solo el Proyecto Gran Simio lanzará una campaña en unas horas para denunciar en todo el mundo que este ayuntamiento y sus gobernantes son colaboradores directos de los traficantes de animales, en este caso de unos seres de los que apenas nos separa un cromosoma, que merecen tener los mismos derechos universales que disfrutamos los seres humanos.

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domingo, 19 de marzo de 2017

Lazareto de muerte

El “Cabo de vara” le rompió la clavícula a Juan Tejera, que no se quejó, para no darle el gusto a los fascistas de verlo humillado, se quedó en el suelo arrodillado aguantando el inmenso dolor. Sabía que esa madrugada se habían llevado a nueve camaradas para arrojarlos a la Sima de Jinámar, era consciente de que en cualquier momento le podía tocar. 

Se arrastró como pudo hasta la exigua litera de madera del barracón del campo de exterminio de Gando (Gran Canaria), donde dormían cada noche siete hombres destrozados, piel y hueso.

No dejaba de pensar en su amada Frasquita, en posición fetal sintió por unos instantes la calidez y la ternura del interior de las entrañas de su madre.

Los “Cabos de Vara” eran presos que por una ración más de la pestilente comida o por obtener ciertos privilegios, le hacían el trabajo sucio a los fascistas, eran mucho más crueles que los propios falangistas y militares, daban más fuerte con los palos de madera y las pingas de buey, eran brutales para demostrar a sus verdugos que podían ser buenos carniceros sobre sus propios compañeros.

Juan llevaba cinco años en el campo viendo todo tipo de atrocidades, torturas y crímenes, hombres que eran asesinados a golpes en el patio interior en presencia de todos los presos, el maltrato constante por parte de aquellos seres demoniacos, que no tenían suficiente con hacerlos trabajar de sol a sol abriendo ridículas zanjas que luego volvían a cerrar y abrir, en un proceso interminable para el dolor ilimitado y la humillación de quienes sobrevivían entre piojos, chinches y enfermedades mortales como el tifus, que cada semana se llevaba la vida de decenas de compañeros y amigos.

De madrugada llegaban las “Brigadas del amanecer” para llevarse a más reos a los pozos y simas de la isla, sobre todo a la Marfea, donde eran arrojados vivos dentro de sacos atados de pies manos, la mayoría de las veces con piedras dentro para que se hundieran irremisiblemente en el mar.

Después de un día agotador de trabajo esclavo llegaban al barracón y recogían la exigua ración de agua apestosa con algún trozo de verdura, caminaban como zombis por el antiguo lazareto reconvertido en campo de concentración.

No había colchón en las literas, solo algo de paja sobre la dura madera y en el espacio de uno se acomodaban siete, se colocaban de tal forma que pudieran caber en el minúsculo recinto, unos con las piernas hacia arriba, otros con las cabezas en el otro sentido, cada uno sabía cómo colocarse desde el día que asesinaron a golpes al joven sindicalista de la CNT, Pedro “El barbero”, desde que fueron siete el espacio de Perico quedó libre, pero en una especie de ritual sin nombre lo respetaban, parecía que su alma, o lo que fuera, estaba presente en el abrazo nocturno para evitar el frío congelante de aquel marzo de 1940.

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Juan Tejera Pérez en su casa de Tamaraceite pocos años antes de morir

miércoles, 15 de marzo de 2017

Pedimos el mismo trato en cada hueso

Ayer me alegré mucho cuando un buen amigo arqueólogo me filtró la noticia de que se habían encontrado restos de dos cuerpos más en el Pozo de Tenoya, uno de los lugares del horror en la isla de Gran Canaria, donde los fascistas desaparecieron a cientos de luchadores por la democracia y la legítima República.

Cada resto que se encuentra es como avanzar un poco más en el alivio de todo este atávico dolor, en la dignificación de quienes fueron asesinados por defender la libertad, la igualdad, la justicia social.

Esa resurrección moral de cada hueso, que recuperado del barro alivia a las familias de una pena ancestral, la que vive incrustada en lo más profundo de nuestro corazones.

El Ayuntamiento de Arucas y sobre todo el Cabildo de Gran Canaria han cubierto los gastos de esta exhumación en este pozo y en otro cercano, donde ya se han sacado más de veinte cuerpos, que se han podido identificar con las pruebas de ADN en su gran mayoría, entregándolos a las familias para que les puedan dar en un acto de justicia histórica sepultura digna.

Casi medio millón de euros se han gastado por ahora en estas exhumaciones, lo cual me parece de una gran valentía por parte de los diferentes partidos que han presidido esta entidad insular, incluso el PP en la anterior corporación, presidida por José Miguel Bravo de Laguna.

No tiene precio la memoria, la dignidad, la justicia, la verdad, la reparación a las víctimas del genocidio franquista en Canarias y en el resto del estado español.

Lo que no puedo entender es que este mismo esfuerzo político y económico no se haga en la fosa común del cementerio de Las Palmas, el lugar donde reposan los restos de mi abuelo Francisco González Santana,  los del alcalde comunista de San Lorenzo, Juan Santana Vega, fusilados por los mismos criminales de lesa humanidad de los pozos del norte de la isla.

Allí siguen entre el barro y la cal viva, ante la cerrazón del grupo de gobierno del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, junto a decenas de restos de personas asesinadas brutalmente y arrojadas como basura a este agujero del horror, a los que este mismo equipo de arqueólogos del Cabildo podrían exhumar por un presupuesto muy inferior.. 

¿Hay que afiliarse a un partido para caer bien a ciertos políticos canarios?

¿Hay que llevar un discurso “moderado”, “almibarado” “sin estridencias” "entrar por el aro" para obtener el beneplácito de quienes tienen la obligación legal de facilitar a las familias la exhumación de los restos de los asesinados por el franquismo?

Espero que esto no sea así, ya que admiro mucho la lucha de cada persona que exija reparación, me da igual el color ideológico si se consigue el objetivo legítimo de la dignificación, la recuperación, la identificación y el reconocimiento de estas personas masacradas por luchar hasta el final por los derechos de la clase trabajadora canaria y española.

Felicitar de corazón a las familias de Arucas por este inmenso logro, los de los muertos de la fosa de Vegueta seguimos esperando por la vergonzosa decisión del político-cacique de turno.

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Imagen de uno de los huesos hallados durante los trabajos promovidos 
por el Cabildo de Gran Canaria (Foto TA)

domingo, 12 de marzo de 2017

La sanguinaria herencia recibida

No es necesario tener mucho olfato para detectar el descarado tufillo a fascismo del PP, con sus constantes defensas del sangriento régimen del genocida general Franco. Este partido fundado por un tipo que firmó sentencias de muerte llamado Manuel Fraga Iribarne, destaca por estar enterrado hasta el cuello en la mierda de la corrupción política, por haber sabido ocupar sobradamente el espacio electoral de los terroristas partidos nazis de la ultraderecha española.

Me hace mucha gracia cuando algunos dicen “que en España el fascismo no tiene respaldo electoral”. Señores, pero si los fascistas están casi todos en el PP y los que no lo están les hacen el juego desde fuera pegando palizas a homosexuales, personas sin hogar o colocando placas a la criminal División Azul, sacándose fotos sus cargos público brazos el alto, negando junto al PSOE y hasta Podemos en el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el derecho a la reparación de las familias del genocidio fascista, ese derecho inalienable a recuperar los restos de sus seres queridos asesinados y enterrados en miles de fosas y cunetas para darles sepultura digna.

La machangada (1) de la transición (traición) española o “Ley de punto final” con los torturadores y asesinos facciosos, solo sirvió para reinventar un nuevo régimen igual de corrupto, que también mata, ahora de forma más soterrada con psicópatas políticas neoliberales manchadas de sangre inocente.

Un partido que protege a criminales investigados por la Interpol en busca y captura por la justicia argentina, que entrega medallas a vírgenes, que mata de hambre a su pueblo, que corrompe todo lo que toca, culpable directo de casi medio millón de asesinatos de personas enfermas dependientes a quienes les han retirado todo tipo de ayudas, de los más de 30.000 suicidios por motivos económicos de los últimos cinco años, de 700 desahucios diarios a punta de pistola de sus esbirros policiales…

Podría seguir enumerando una lista interminable de abusos de poder que son la identidad de este partido falangista que gobierna en el borbónico régimen español, herederos directos de verdaderos monstruos criminales que convirtieron España en el segundo país del mundo con mayor número de fosas comunes después de Camboya.

Me ha alegrado mucho ver cómo en Alicante este domingo de marzo han amanecido llenos de pintura los rótulos impuestos por un juez a demanda de este partido, con los nombres de los responsables del holocausto fascista en una ciudad donde fueron asesinadas miles de personas que defendían la democracia y la libertad.

Siento esperanza de que exista gente dispuesta a jugársela para seguir luchando contra una ideología criminal, lo peor de la especie humana, la que se alimenta de la sangre, la explotación y la muerte de la clase trabajadora.

(1) Expresión canaria cuyo significado es "algo grotesco o gracioso".

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lunes, 6 de marzo de 2017

La santa misa del desagravio

En la catedral repleta se percibía un cierto tufillo a sudor y humedad, mezclado con los perfumes de las señoronas de la “sociedad” y las ventosidades de los gordos santurrones más viejos, una jarca que ocupaba las primeras filas de asientos, junto a políticos de los partidos del régimen, militares, guardias civiles y hasta un ex ministro “dimitido” por gravísimos delitos de corrupción.

El obispo salió a escena exultante con sus mejores galas, se sentía casi una reinona, “había que “crucificar” a los herejes”, en su mente recordaba con nostalgia los tiempos del franquismo, lo fácil que era procesar a cualquiera que se saliera de lo establecido, “maricones, tortilleras, ateos, comunistas, masones y otras huestes infernales que la Falange se encargaba de asesinar de un tiro en la nuca, arrojándolos al mar o a cualquier pozo o agujero volcánico que los hiciera desaparecer para siempre."

“Como se complica todo cuando hay que matar de otra forma más lenta”, pensaba, “ahora nuestro gobierno aplica otras “tácticas”, “también nos benefician porque con sus políticas neoliberales destruyen las vidas de los más empobrecidos: suicidios, enfermedades mentales, desesperación, hambre, miseria extrema, pero que sencillo era antes joder”.

La misma noche, ya en su cama viendo 13TV, pensó “que la misa del desagravio contra la herejía fue un exitazo, vino hasta la Delegada del Gobierno coño y la maquillada mujer del capitán general, que bueno que los policías cortaran las calles anexas, acordonaron las entradas y salidas, no vaya a ser que venga algún comando con plataformas y nos arruine la fiesta”.

Al final después de comerse las hostias se quedaron todas y todos un buen rato departiendo en la entrada, todavía el tufillo a bufos, sudor y provocativos perfumes caros salía desde el interior del templo, todo era cordialidad, habían cumplido el sagrado ritual para exorcizar aquellos demonios, el obispo se entretenía mientras charlaba con dos arrugadas y pomposas feligresas de peineta española, mirando de reojo a los nietos más pequeños del coronel de la benemérita. Una noche inolvidable.

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domingo, 5 de marzo de 2017

Robertillo solo quería lechita caliente

La pobre muchacha apretaba al niño chiquito Robertillo contra su pecho, tenía la esperanza de que no se lo vieran en el momento de la ejecución en el pozo de la finca de El Maipez, en el municipio grancanario de Telde.

El jefe falangista conocido como “Capitán Soria” fue el encargado de llevar al grupo de mujeres y hombres hasta la finca de los Ascanio, muy cerca de la Sima de Jinámar para arrojar al fondo del pozo al grupo de antifascistas.

Gloria Martel Rivero se aferraba a lo que más quería, aquel trocito de cielo de solo dos meses de edad, lo escondía envuelto en la mantita de lana de oveja, pero los falangistas se lo arrebataron en el momento preciso, justo cuando Soria dio la orden de lanzarles al abismo, el requeté Fernando Benitez de Lugo le quitó a su bebé de los brazos.

En el grupo de reos estaba el maestro republicano granadino Sebastián Hinojosa, el sindicalista de Aguimes Juan Ramón Morales y la anciana partera Mercedita Artiles, todas atadas con las manos a la espalda con la soga de pitera, las muñecas rotas, ensangrentadas por la presión del amarre de los criminales fascistas.

El chiquillo lloraba, el sonido de sus llantos desesperados penetraba molesto en los oídos de los asesinos, inundaba el silencioso paraje de madrugada, quería seguir mamando lechita caliente de los pechos de su madre, su protección, pero a Soria no le tembló la conciencia cuando ordenó que lo callaran.

Se lo dieron al policía local de Carrizal de Ingenio Antonio Bordón que lo apretó estrangulándolo, cada vez más fuerte, hasta que solo se escuchaba un chillido tenue, como el sonido que emiten los gatos cuando se acercan a la muerte, se trataba de callarlo como fuera, Gloria gritaba, casi aullaba.

-Denme a mi niño hijos de puta, denme a mi niño, dejen que se muera conmigo asesinos.

Bordón lo dejó en el suelo junto a las botellas de ron del charco que tomaban los fascistas para sus crímenes, un bulto pequeñito, inerte envuelto en la vieja manta de la abuela Susa, parecía un angelito que dormía.

Su madre caía al fondo del pozo junto a los compañeros, los falangistas salían en el camión del tabaquero Eufemiano Fuentes a buscar a más víctimas para otro pozo allá en la finca de La Noria en Jinámar del sureño Conde de la Vega, este ya estaba demasiado repleto de cadáveres.

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miércoles, 1 de marzo de 2017

Obispos drag y franquismo

Los obispos canarios dicen que lloran de pena por ver a una drag haciendo su espectáculo en el carnaval de Las Palmas, que sienten pena, que les aflige “tanto pecado” y que se encomiendan a su inmenso abanico de vírgenes, Cristos y otras figuras de su oscuro universo de la superstición ritual entre hostias, relicarios y exorcismos.

En su fanatismo extremo a los prelados no le afectan los millones de casos de pederastia de los curas en su Iglesia, su permanente “carnaval” de escándalos sexuales, abusos, maltrato, persecución, apoyo descarado al fascismo desde los tiempos del nazismo, el franquismo y las dictaduras de Pinochet en Chile o Videla en Argentina, entre otras, donde participaron activamente o guardaron un silencio cómplice.

Estos prebostes de sotana satánica en Canarias siguen sin condenar el sanguinario genocidio franquista, que con la estrecha colaboración de la Iglesia Católica asesinó, sin que hubiera guerra, a miles de activistas de la izquierda, fusilados o arrojados a pozos, simas, chimeneas volcánicas y a las profundidades marinas.


Todavía no han pedido perdón por su participación directa en este holocausto isleño, pero se echan las manos a la cabeza porque en un carnaval históricamente pagano, alguien escenifique con humor en un concurso algo relacionado con sus creencias medievales.

Miles de familias de las víctimas del franquismo en estas islas seguimos esperando un perdón de la Iglesia Católica, que sabemos que jamás llegará porque las ideologías totalitarias son innatas a esta enorme secta, están incrustadas en sus raíces ancestrales desde los tiempos de la llamada “Santa Inquisición”, donde ya hicieron sus “prácticas” de salvajes torturas y todo tipo de crímenes.

Los señores obispos Francisco Cases y Bernardo Álvarez, no siente un mínimo de respeto por quienes sufrieron en sus carnes el genocidio nacional-católico, se entretienen viendo las galas de los drag queen desde sus guaridas repletas de santos y cilicios, para luego salir a la palestra criticando, amenazando, lanzando sus patéticas homilías contra quien ejerce el derecho legítimo de expresión, callando vergonzosamente ante los asesinatos fascistas masivos de la institución a la que representan. 

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lunes, 27 de febrero de 2017

El invierno más negro

El teniente Otto ordenó en su español rudimentario golpear a los presos que acababan de traer del norte de la isla, las buenas relaciones de los golpistas españoles con los nazis hicieron llegar a cada punto del estado a mandos del ejército de Hitler, pocos años antes de la Segunda Guerra Mundial.

En el grupo de reos iba Raimundo Carrasco, trabajador de correos en Las Palmas natural de Lorca (Murcia), casado con Remedios Noguera, costurera del barrio de San José.

El hombre sintió los golpes en su cuello y espalda que le propinaban los “Cabos de vara”, presos vendidos a los fascistas que en su afán de agradar a sus “amos” podían ser mucho más crueles que los propios falangistas.

Notó que la sangre le corría por sus nalgas y muslos, golpes secos en aquella madrugada del 37 en el campo de exterminio de El Lazareto en Gando, guardaba silencio, no quería darle el gusto a aquellos asesinos de verlo quejarse, se refugiaba en un rincón de su mente en los buenos recuerdos, como el hermoso día de septiembre cuando conoció a Remedios en la fiesta de Teror, arropados por las parrandas de los devotos a la Virgen de El Pino. Le venía el sabor de los besos clandestinos cuando la visitaba en su casa en las laderas cerca de la Batería de San Juan, aprovechando los momentos en que el hermanito de la chica se despistaba desenvolviendo los papeles de los pegajosos caramelos de chocolate y nata.

El alemán lanzaba maldiciones y arengas en aquel idioma ininteligible, mezclaba las blasfemias en castellano y en su propia lengua materna, los verdugos parecían entender la intensidad que debían mantener en cada golpe, en cada latigazo con las pingas de buey o las varas de azebuche.

Raimundo levantó la cabeza unos segundos y vio a sus compañeros destrozados en el suelo, algunos ya no respiraban, otros gemían de dolor, las lágrimas parecían mezclarse con la sangre que inundaba el suelo del patio de armas, un espacio lúgubre y sucio, desde donde se escuchaba el sonido de algún avión militar que aterrizaba en su llegada desde el Sahara Occidental.

El militar nazi se fijó en que no se quejaba y se le acercó, le agarro por los pelos de la nuca y le dijo algo con su cara desencajada de odio, “parecía un perro ladrando contagiado de rabia”, pensó el joven murciano, que solo se le quedó mirando debilitado por el efecto de las graves heridas, la piel desgajada, la carne que ya parecía adaptarse a cada golpe, como si siempre hubiera estado allí detenido, como si nunca hubiera existido otra vida más allá de las alambradas del campo de concentración.

Observó el pelo rubio del teutón, las dos medallas en su pecho, una con forma de cruz deformada, “gamada”, le había dicho el anciano profesor Reyes, la misma tarde que lo asesinaron de un tiro en la nuca cuando se negó a golpear a otro prisionero.

El alemán le pareció muy joven, casi un niño, pero le llamó la atención la forma marcial de moverse, que en ningún momento perdiera la compostura ante la dantesca escena de sus compañeros muertos, de su propio cuerpo destrozado y su mirada desafiante ante la barbarie ilimitada.

Sacó del cinto su pistola y se la metió en la boca, notó el cañón frío, el daño que le hacía en su garganta, que le asfixiaba y le generaba aquella tos hasta que salió el vomito y el teniente comenzó a darle patadas en su estómago enrabietado, muy molesto porque le había manchado los pantalones de sangre y restos de comida, apenas unos mendrugos con agua sucia que le habían dado la noche antes de comenzar la matanza.

El joven anarquista no tuvo tiempo de más, sintió como lo inundaba la oscuridad y el sueño, se dejó marchar y en un instante parecía que no existía el dolor, una especie de placer infantil parecía recorrerle la piel cada centímetro, como cuando la abuelita Frasca lo acogía en sus brazos en las noches veraniegas de la ciudad barroca, allí en los Altos del Guadalentín, unos años donde nadie era capaz de barruntar el invierno más negro, el túnel sin salida del infame genocidio.

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Castelao (Atila en Galicia) "Pra que ergan o puño!"

martes, 21 de febrero de 2017

Cobardes amenazas sin rostro

Hasta hace escasos años cuando se criticaba cualquier cuestión relacionada con las políticas de la “izquierda” se recibían replicas en los medios de comunicación en algunos casos, en otros alguna llamada telefónica dialogante y aclaratoria, lo cual era normal, ya que el criterio del criticado era libre, pero jamás se recurrían a acciones similares a las utilizan los partidos de la derecha cavernícola con correos o mensajes amenazantes, campañas de desprestigio hacia quienes luchamos sin cobrar un céntimo por lo que consideramos justo.

Actualmente y en concreto en el tema de la fosa común del cementerio de Las Palmas mi capacidad de asombro ha sido superada, eso ya es difícil, con todo lo que vivido y sufrido en la lucha de mi familia por recuperar esos restos, por dignificar a las miles de personas que fueron asesinadas en Canarias por defender la democracia, la libertad, los derechos de la clase trabajadora.

Ya en las redes sociales había visto la indignación y en muchos casos los insultos de esas personas cuando se cuestiona su mala gestión institucional, posiblemente porque consideran que cualquier crítica les hace daño a su imagen política recurriendo a otros métodos que rozan el fascismo.

Lo que más me sorprende es que esos correos a medios de comunicación donde colaboro para que me veten, esos mensajes privados a personas que respaldan esta lucha, vengan de un partido que proclama valores de la izquierda socialdemócrata, pero que en otros puntos del estado se moja y está exhumando fosas o denunciando el terrorismo de estado de un régimen altamente corrupto.

Estos privados, estos correos tienen nombres y apellidos, están vinculados a quienes nos niegan la exhumación de esta fosa común, a un concejal en concreto, a concejalas y concejales de lo que llaman “partido del cambio”, a una organización en la que tengo amigas y amigos que cada día me manifiestan su sincero apoyo y solidaridad en la calle o en las redes.

Sinceramente esto no me enfada, ni siquiera me preocupa, más bien me entristece que se pueda llegar a estos niveles de bajeza moral, actuando de esta forma vergonzosa contra personas que estén de acuerdo o no hemos sido víctimas del terror fascista, de crímenes brutales, de torturas, de todo tipo de vejaciones en la dictadura y en este sistema político que algunos siguen llamando “democracia”.

“Pa ustedes hacen” dicen los viejitos de mi pueblo de Gran Canaria, yo no tengo nada que añadir más que seguir luchando sin tregua, aunque sin argumentos te acusen de “loco”, “el loco de la fosa común”. Benditas locuras las que son capaces de cambiar el mundo y las injusticias, la santa inocencia de las ventanas abiertas y las flores liberadoras de la esperanza.

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jueves, 16 de febrero de 2017

Añicos de soledad

Saciados de amar salieron un momento de la tienda de campaña, Concha encendió un cigarrillo, el humo se extendía sobre la nebulosa de vapor que brotaba del agua enlodada del embalse.

Hacía varios días que no hablaban, solo expresiones cortas, monosílabos que surgían sobre todo en el momento de comer o besar, algún gemido en forma de palabra entre la mantas y los sacos rotos de dormir.

Llevaban días intentando subir al gigantesco pino de la leyenda, pero daban unos pasos y comenzaban de nuevo a besarse, los labios a veces sabían a ron con miel y saliva, a deseo, a sensaciones ancestrales de la adolescencia que ya habían olvidado, para volver una vez más al lecho sobre la hierba, al deseo sin medida.

Había tanto que contarse, tanto destrozo interior en aquel viaje antes de encontrarse en la casa de Julia, tantos laberintos de dolor de los que parecía imposible encontrar una salida, la eterna liberación desde el abismo, un huequito insignificante en el naufragio.

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